“Ya no hay más monos, no existen. Si nos estamos extinguiendo nosotros y nuestro planeta, de los monos ni hablar. Pero, si es que llegan, llegan con todo, y yo los voy a ayudar”.
Luca Prodan (Sumo)

Historia Urbana, parte 1... de no sé cuantas.

…Todo empezó con una decepción amorosa y unas ganas abusivas de ingesta de alcohol, la letra de “Still lovin´ you” de Los Escorpiones y “Siempre estoy pensando en ella” de Leo Dan, se cruzaban por mi cabeza, esto me hizo recordar que en la Avenida Elena, cerca del teatro Bellas Artes, existe un lugar acogedor al cual podría ir a pasar un buen momento con muy buena compañía, mi moral me detenía y los comentarios incoherentes de la gente me hacían dudar de mi proeza, pero dije “me pela”, pero hubo algo que definitivamente me hacia olvidar esa estúpida idea, el humo del cigarro, no quería sentir ese apestoso humo después de treinta días de esfuerzo por haberlo dejado, jugaba y jugaba con la ficha de quetzal que retozaba por mis falanges, dicha ficha me llevaría a la gloria, tenía que tomar una decisión inmediata porque de lo contrario y con el paso del tiempo el maldito brocha me cobraría dos quetzales, una señora que me acompañaba en la parada de buses se había desesperado por tantas veces que la ficha rodó por el suelo y yo en mi lujuria solo maquinaba imágenes eróticas con esta cuarentona y repetía en mi interior “esta vieja todavía dispara un par de cartuchos”.

 Dejé mi mente en blanco y sin dudarlo una vez más me subí a la 65, por supuesto que la camioneta estaba que reventaba de gente, no faltaron aquellas personas que me pisaron los zapatos en su desesperado intento por bajar del transporte público, porque alguien en su inocencia o en su maldad dejo salir el alma de un frijol mal procesado, yo iba en calidad de serote (colgando y hasta atrás) ,  pero no escape de sentir el olor característico de este gas producido por bacterias en el tracto gastrointestinal de los mamíferos. Llamó mi atención un señor de aproximadamente setenta y cinco años que a pesar de que poco a poco la camioneta quedaba vacía, no se separaba de las posaderas de una hermosa secretaria de aproximadamente 1.80 metros (asumí que era secretaria por su elegante forma de vestir), y por un largo momento me imagine estar en el lugar del señor al que se le dibujaba un pequeño diablillo en el rostro, pero mi destino era otro, un amor de quince minutos me esperaba con una Gallo en la mano.

 Al fin llegué a mi destino, dicha casa está adornada con ladrillos en su exterior, al igual que unos años atrás cuando la conocí y dejé de ser niño, nuevamente dudé en entrar, debido a que imágenes de la mujer que me acababa de romper el corazón pasaban como una película de terror  por mi mente, decidí no entrar y como el objetivo era ponerme ebrio hasta perder la razón con tal de olvidar la sonrisa angelical de mi amor, pensé en llamar al Chaparro e ir a beber alcohol a la casa del Gordo, y precisamente en el momento que me retiraba del lugar, la puerta se abrió como que si ya sabían que yo llegaría, en ese momento ya no tuve más dudas e ingrese al susodicho local.

 ¿Coincidencia o destino?; no lo sé, pero en el momento de ingresar al lugar estaba en el tocadiscos la canción “Still lovin´ you” de Los Escorpiones, nuevamente pensé que estaba en el lugar preciso en el momento preciso, al ver tantas bellezas pensé que estaba en la vuelta ciclística, pero mi mayor temor se hizo realidad, un montón de viejos gordos fumaban, solo busque un pequeño rincón y pedí la primer cerveza para iniciar la velada.

 Tardé cinco segundos en darme cuenta que en mi soledad no estaba tan solo, no sé de donde provenían pero dos ojos me apuñalaban, sabía que alguien me miraba detenidamente, no lograba localizarlos pero yo sabía que ahí estaban esos dos ojos castigadores, atenué la ingesta de cerveza porque esta mirada que me perseguía no me dejaba tomarme mis cervecitas en paz, al final ubiqué estos dos bellos ojos avellanados que se completaban a la perfección con dos piernas largas, delgadas, morenas y muy hermosas,  un diminuto vestido negro que alineaba a la perfección tan divina figura, dos labios gruesos color miel, que inmediatamente provocaban besarlos, y lo mejor de todo una cabellera lisa, extensa y negra; mi corazón empezó a latir tan fuertemente que a pesar de la música lograba escuchar mis propios latidos, esto debido a que semejante musa se dirigía hacia mí, se sentó a mi lado y nos quedamos viendo fijamente por cinco segundos ó cinco minutos no estoy completamente seguro, reaccioné cuando sus delicadas manos tocaron mi muslo, no recuerdo cuales fueron las primeras palabras que cruzamos (mis ojos entre veces se perdían en sus pechos), pero después de un six-pack ya le estaba contando la historia de mi quebrantado amor y ella con una servilleta limpiaba las lagrimas de mis mejillas.

 Delicadamente cerró mi boca con su dedo índice y exclamó. ¿Te recuerdas de mí?, mi respuesta fue un rotundo “No”, Mi nombre es M….. y fuimos compañeros en la escuela…me quedé atontado e inmediatamente mi mente viajó años y kilómetros atrás; una de mis mejores amigas (y que estuvo enamorada de mi en secreto), se había descarriado, poco a poco me empezó a contar la travesía en que se había convertido su vida, pero a mí en realidad no me importaba, ni siquiera la escuchaba porque mi vista aún seguía perdida en la parte superior de su vestido que delicadamente delineaba sus pequeños y morenos pezones. Traté de escucharla pero mi objetivo era sacar a esa persona que recién me había roto el corazón de mi mente, ella se percató de que su plática no me interesaba, trato de llamar mi atención cruzando sus piernas y dejando que el vestido se subiera un poco más, en ese momento me ofreció sus servicios y me prometió hacer cualquier cosa porque yo olvidara a esa mujer. Lo creí imposible pero dejé que las cosas sucedieran.

Me tomó de la mano e inmediatamente nos dirigimos a la habitación, para mí no era cosa de otro mundo, ya que no era la primera vez, el protocolo era el mismo, el procedimiento de rutina y nada extraordinario. Pero esta noche algo iba a cambiar.

 Para no perder tiempo inmediatamente nos desvestimos, pero mi fobia a las bacterias hizo que no me quitara los calcetines, la protección necesaria por arriba y por abajo, ella decidió encender las luces de la habitación y allí fue cuando descubrí su perfecta figura, como lo supuse su belleza era excepcional, yo me sentaba en algo que simulaba una cama, ella lentamente se dirigió hacia mí y se sentó en mi entrepierna, inmediatamente sentí lo extraordinario que era tener sus maravillosas y morenas caderas sobre mí, definitivamente la penetración perfecta, unos besos en el cuello y en sus pechos y empezamos el maravilloso acto del sexo.

 Nunca imaginé que en esa pieza de 1.50 por 2 metros existiera más amor que en el día de San Valentín, ella no se privó de demostrarme su amor con varias posiciones, nuestra transpiración se unía en nuestros vientres,  mientras yo no le perdía interés a sus excelentemente redondos pezones, eran como guindas pero morenas y más dulces, ella se percató de que su respirar en mi oído me excitaba aún más, poco a poco mis manos se marcaban en sus caderas (esas marca iban a durar unos cuantos días), tampoco faltaron las marcas de sus uñas en mi espalda, sabíamos que la noche no era eterna por lo que apresuramos el paso, sin darnos cuenta ya habían pasado maravillosos dieciocho minutos, por lo que sin perder la posición y sin separarnos apagamos las luces, le dimos rienda suelta a la imaginación y a la creatividad en los siguientes cinco minutos, hasta que llegó el momento del climax, ella sin dejar de mover sus delineadas caderas se dio cuenta que estaba por terminar, esto hizo que ella fuera aún más rápido, cuando de repente pasó, los dos como sincronizados nos fuimos al mismo tiempo (a mi mente vino la imagen del volcán de Pacaya haciendo erupción), lo que hizo que nuestros cuerpos se separarán, nos quedamos acostados, ella estaba sobre mi y empezó a exclamarme al oído el maravilloso momento que recién habíamos pasado, sin saber que durante todo el acto sexual yo solamente estuve pensando en mi amada e imaginando que nuestros cuerpos y nuestras almas se unían para siempre, e inmediatamente me percaté del error que había cometido, rápidamente me vestí y salí huyendo de ese lugar…

 No me despedí ni dije adiós pero lo prometí que volvería, ya que sabía que de esta manera nuevamente podría tener un encuentro imaginario con el amor de mi vida…

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Por Robin Perez

Robin Perez

"No creo en la vida después de la muerte, de modo que no tengo que gastar mi vida temiendo al infierno, o temiendo aún más al paraíso. Pues cualesquiera fueran las torturas del infierno, pienso que el aburrimiento del paraíso sería aún peor."

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